sábado, 31 de mayo de 2014

AMOR TIERNO AMOR

Desde que te vi
yo me enamoré,
en el mundo aquel
en el que soñé.

Tu eras para mi
mi primer amor
en el que sentí
todo aquel fulgor
y desde entonces soy feliz,
soy feliz con tu amor.

PREGUNTA. TÚ MISMO.

Se alimentan de su aliento.
Seducidos por el ser humano
olisquean su distinguido olor
que los empuja a la caza.

El hombre es llevado a la locura.
El miedo, es la esencia perdida.
El miedo, es la ausencia que sujeta
la austeridad en la tierra.

Se espantan por un bocado
apetitoso que les urge tomar.
En su supervivencia, cotejan la misma nobleza.
Pero el hambre, no tiene dueño.
Y en un duelo, enseñan los dientes
presos y devastados por su gran enemigo.

Camaradas, se privan de su mano para levantarse.
Se afanan y discuten por su presa.
¿Castigarla? ¿Demolerla? o abstenerse...

...¿Y si quizás la manada, ya está preparada
y escondida bajo el manto de sus llantos?
Para atacar sin mirar atrás.
Para nutrirse de la miseria
o morir juntos en la lucha.
Y si desnudos y con agallas,
consiguen su alimento,
la guerra no fue en vano
y los presos serán espartanos. 

martes, 27 de mayo de 2014

HASTA QUE SALGA EL SOL

Los tiempos me agotan,
el cerebro me va a explotar
explorando cómo salir
de la misma desidia.
Sin rumbo, me hace suspirar
el silencio y el cansancio.
Me agota cada término de mi cuerpo
hasta hacerlo inmortalmente soñador.

¡Y qué decir del antojo de la noche!
¡Que acecha mi tinta y traspasa
altos niveles de adrenalina!

Y de ilusiones enterradas está volando
la imaginación de una servidora.
De ojos, que no descansan
por miedo a morir,
encarcelados en la pobreza.
Envueltos en la miseria de un
porvenir escrito con sangre,
cuyas cartas desaparecen
a la vuelta de la esquina.

¡Ay! ¡Qué crisis con más talante!
Y orgullosa están sus padres de ella...
...¡Ay! Que me haces sufrir
a mis seres más queridos, y a todos,
por los que un chusco de pan pelean...

¿Porqué reñir por tener derecho
a llevarse comida a la boca?

¿Cuándo nos dijeron
que vivir sería un castigo
en el que sufrir es ley de vida?

No entiendo el infortunio venidero.
Ni entiendo en qué se basa la fortuna.
Tampoco entiendo esta locura
que de loca no tiene nada.
Y puesto que es una palabra más,
sin motivo de emprender no más
que un sollozo en mi boca,
que busca un amanecer sin sombras
en las que esconder los sentimientos.
Un amanecer sin contrabando
jugándose la vida en la noche,
combatiendo en la calle, y
soñando despierto a que salga el Sol.

Patricia López Castillo.


sábado, 24 de mayo de 2014

LICENCIA PARA VIVIR

Las palabras se las llevo el viento,
y mi voz se la lleva las palabras
y mi lengua se resiente ante la burla
que se lleva mi promesa;
atada y sofocada al desnudo
de un ayer sin sentido.


Descubrirme en el tiempo y mostraros
los versos que se nutren, que se olvidan
y florecen de  aquellas lágrimas perdidas
que fueron aliento para algunos,
y un un vacío inmenso para pocos.


No cesa la llaga en la soledad.
Su pertinente olvido se muestra
ante el presente pidiendo a gritos que se aleje,
creada por el añejo lamento
de un recuerdo oportunista.


Porque mis palabras,
ni un ciclón con ellas podrá.
Porque mis versos y escritos
allende estarán para ustedes,
con respetuoso recelo de compartir
y tremenda osadía venidera
en ofrenda van, para vuestras vidas,
para estos días, de fatigada lucha sin fin.








martes, 20 de mayo de 2014

FELIZ CUMPLEAÑOS

Un poco de teatro no nos viene mal. Espero que lo disfrutéis.

         Llegaba de la calle, abrió la puerta, soltó las llaves en la mesita de la entrada y comenzó a buscarla, a llamarla: ¿Cata? ¿Catalina? ¡Cataaaaa!... (Horas antes, en el trabajo, le llegó una carta de ella que decía: “Para que me recuerdes siempre, perdóname).

-¡Qué pasa! Andrés, ¡qué es éste escándalo!
-¿Cómo que escándalo? ¿Qué hacen todas estas cajas en mitad del salón? (dijo haciéndose el desinteresado).
-No lo ves, o es que estás ciego, recoger…
-¡Recoger el qué! -dijo mientras se dirigía a la habitación de ambos-.
-Recoger mis cosas, está clarísimo,-le decía mientras le seguía-.
-¿Cómo? ¿A dónde puñetas vas? -dijo enfadado al ver la maleta encima de la cama-.
-No lo sé, pero me voy.
-Cata… ¿en que estás pensando? Sin decir nada… no entiendo qué es lo que esta pasando.
-¿Acaso no entiendes ni una sola palabra de la carta que te envié?
-¿Carta? ¿De qué me hablas ahora? –le decía mientras se movía de un lado a otro de la habitación.
-Si, y no te hagas más el tonto conmigo.
-No, digo… sí, pero, ¿se puede saber porqué recoges tus cosas? - dijo Andrés cerrándole la maleta para que no metiera más cosas en ella- .
-Tú… ¡¿tú me quieres abandonar?!
-¡Pero cómo voy a querer hacer eso! ¿Dejarte y olvidarme de lo nuestro?
-¿Lo nuestro? ¿lo nuestro…? Dijo ella con el puño cerrado y dándose golpecitos en el pecho.
-Ven, háblame… -intentaba atraerla a ella-.
-¡Yo no tengo que hablar nada con un marido como tú! – se apartó dando un salto para que no la tocara-.
-Mujer… pero… - dijo pausadamente al ver la reacción de su esposa-
-¡Ni peros ni uvas! ¡La que me voy de la casa soy yo y no tú!  –Gritó cerrando la maleta y bajándola al suelo-.
-¿A qué viene todo este alboroto? No te entiendo, a ver… (Intentó calmarla).
-¡Déjame! ¡Está clarísimo! No me tengo que calmar, estoy bien.
-¿En serio crees que haré todo lo que me dices en esa carta?
-Acaso… ¿no es así? –Dijo Cata con aire de superioridad mientras le daba la espalda a su marido-.
-Cata… ¡esto no tiene ni pies ni cabeza! No te basas en nada para hacerme creer…
-¡Hacerte creer qué! Bien sabes que la vecina me lo ha contado todo.
-Que te ha contado ¿qué? ¡Tú estás loca!
-Si… Andresito, sabes como yo, que te vas de viaje, y no sabes si volverás.
-¡Por dios mujer! ¡Me han ascendido! –Dijo agitando las manos y tirándose de los pelos-.
-Ah… ¿de veras? ¡Y cuando pensabas contármelo! ¿¡Cuándo pensabas decirme que te vas y que no sabes cuándo regresarás!? ¿Eh? –dijo entristecida y con las lágrimas saltadas-.
-No lo supe hasta hoy…
-¡Hasta hoy! Si, si, y yo me he caído de un árbol…
-Basta ya, vuelve a meter tu ropa en el armario y te lo cuento despacio.
-¡Ni pensarlo! Además, tengo más información –cruzó los brazos y arrugó la arrugó los labios-.
-¡Más de que!
- Pues eso. Que no sabes si te marchas con tu secretaria, ¿no? Y encima,  que vivirías el tiempo que fuese con ella de “negocios”, ¿verdad?
(Andrés la miraba perplejo, con los ojos y la boca muy abiertos)
-Habla hijo, habla… Que más callado te quedarás cuando tengas que firmar el divorcio…
-¡¡Yo a la vecina la mato!! La bruja ésta se entera, ¡un comentario nada más y mira lo que ha liado! –Dijo decidido a salir y llamar a la vecina-.
-¡Andrés! (Lo paró en seco agarrándole el brazo) No… ¡no la metas a ella! (le dijo suavemente). Pero…. Claro, ahora entiendo todo. Tú le comentas algo que no recuerdas muy bien, ella me suelta el chisme, y ahora, no lleva la razón… ¡Típico de estas situaciones!
-¡Esa tía se entera! ¡La mato! Va a hablar de su p… -dijo saliendo por la puerta enfurecido-.

         Al abrir quedó petrificado, una cámara, unas sonrisas, unos flash. Miró hacia atrás y le dijo su mujer:

- ¡Inocente, inocente! Feliz cumpleaños amor mío…

lunes, 19 de mayo de 2014

BAJO LA ESCALERA

Allí se encontraron a Marta. Bajo el hueco de la escalera. Inmóvil, sin saber cómo había llegado hasta allí.
Se había encogido su corazón. Helada y desconcertada no sabía donde estaba. El dolor que provocaban las cuerdas que ataban sus muñecas, el sudor de sus manos y la penumbra que la envolvía, la despertaron en su propio grito <<¡Auxilio!>>

El terror la apresaba y sus dedos apenas los podía sentir. Notaba cómo el mármol se cernía en cada poro de su piel.
Apenas intentó levantarse, desistió. No podía. Cuando se movía más de la cuenta se ahogaba. Estaba petrificada, le era imposible casi moverse. Empezó a retorcerse, a intentar desatarse, a intentar pedir ayuda, pero seguía sin conseguirlo.
Como si de una serpiente se tratara, se retorció una y otra vez en el suelo hasta quedarse dormida.
En quince minutos, se despertó gritando y llorando desconsoladamente. Apenas le salía la voz, apenas ella misma se escuchaba cuando nombraba a alguien para que la ayudase, apenas unos minutos habían bastado para darse cuenta de que aquella oscuridad absorbía sus palabras y su quebranto.
Intentaba buscar alguna luz entre tanta oscuridad. Sus ojos habían perdido el brillo de esas lágrimas que no la dejaban ver, y a lo lejos un destello de luz pudo percibir.
Intentó adivinar cómo soltarse, cómo estaba atada, cómo podía huir de aquel infierno.
Al tirar una vez más, notó cómo los cordones de sus zapatos eran los que le rodeaban el cuello. Y al mismo tiempo, una puerta se abrió, dándose a ver su estado, y volvió a cerrarse con un estrépito golpe, retumbando el suelo.
<<Cómo es posible, quién me ha hecho esta barbaridad>>.<<Es impensable pensar que estoy aquí, semidesnuda, faltándome mis botas, con este olor a gato muerto, a podredumbre. Y mi camisa, quién me ha rasgado la camisa así>>.

En el piso de arriba empezaron a escucharse golpes. Una silla se arrastraba de un lado a otro de la estancia. Marta palidecía cada minuto más. <<Estoy muerta>>. <<No se quién quiere verme muerta>> Se sentía indefensa. La bajada de temperatura empezó a dominar su cuerpo. Desde sus pies, sus muslos, su pecho, su nariz y sus mejillas, por donde rodaron sus últimas lágrimas…

El sonido de la habitación de arriba cada vez se hacía más pesado. Los golpes eran secos, cada vez más fuertes. Parecían que iban a tirar un muro.

Un timbre sonó.
Nadie abría y volvió a sonar. De nuevo una vez más y otra más, casi sin dejar de parar, “din-don” “din-don” ¡“din-din-don-don”! pARÓ.

Una corriente caló la piel de Marta. Todo quedó en silencio. La puerta del patio se estaba abriendo, pero ella no era consciente. Nada ni nadie parecía moverse. ¡Sal de ahí Marta!- agonizaba su subconsciente.

Tras tanto silencio un hálito la resucitó del trance. Se oían golpes de sartenes, platos, vasos estrellarse contra el suelo, una cafetera a punto de café… Y volvió a sonar el timbre de la puerta principal. De un salto, y casi sin esperarlo Marta corrió para ver aquello. Sus ojos no daban crédito. Todo estaba volando alrededor de la mesa de la cocina. <<¡Quién anda ahí!>> “Marta no hay nadie - le dijo su conciencia”
Volvió a sonar el timbre. Una voz de mediana edad gritaba desesperada.
Salió a la puerta de la calle, un niño tras una pelota. En un acto reflejo, Marta se giró bruscamente. Un sonido de dentro hizo volverse a toda prisa. Un pensamiento la inundó, la paralizó. <<Cómo me he desatado…>>
En el piso de arriba seguían los golpes. Zarpazos y más zarpazos. Despabiló de su ausencia y subió las escaleras de dos en dos. Empujó la puerta desde donde se supone que provenía tal escándalo. El pomo estaba demasiado frío para abrirlo y empujó con las fuerzas que le quedaban a la puerta. Cogió carrerilla hacia atrás y la abrió con su cuerpo.

Los pies de aquella mujer golpeaban el cristal de la ventana, y el cuerpo, aún con espasmos, parecía con vida. Marta acercó una mesa que había en la habitación, le posó los pies y sujetándola, aflojó la soga que la colgaba. La dejó sobre la mesa y corrió despavorida para pedir ayuda.
Inesperadamente, cuando se volvió para salir, la puerta había desaparecido. <<¡La puerta no está!>>
Giró la cabeza hacia la mujer, y tampoco estaba. Se levantó y empezó a buscar la ventana. Todo había desaparecido. Todo estaba pintado de blanco. La pared era lisa, gélida y deslumbraba sus ojos. Empezó a gritar y a dar vueltas alrededor de ella, sin sentido, sin ridículo y sin que nadie más la escuchara. Su corazón palpitaba cada vez más, sólo se oía su agonizante corazón retumbar entre aquellas paredes. Marta cayó al suelo.

Al abrir los ojos, vio la sonrisa de su madre. Tanto alboroto esta noche hija, ¿Qué te ocurre?-le dijo.
Marta no pudo hablar. Y en los brazos de su madre, y allí en su habitación, se quedó dormida, por fin.


Patricia López Castillo_ 24/06/2009


sábado, 3 de mayo de 2014

ABUELITO, ABUELITA.

Ya ni siquiera el castillo tiene la luz encendida, ¡Apagón!
Y con una mirada en mi espejo, suena una comparsa en mi corazón.

Que de recuerdos pasan por la Alameda, por esta vida que recuerdo hoy...
Ellos tan felices juntos, de la mano no se separaban, nacieron juntos y separados hoy están.
Que cruel es esta vida si te da la soledad. Porque soledad impuesta llaman a la verdadera incomprensión.

Que dos cruces levantadas a lo lejos las diviso yo. Una vacía que llora, que llora por su amor,y otra.... otra... que ya lloró en aquel salón. Que cruel es mi conciencia cuando no se deja llevar, nada más que por los hilos de un pasado que anhelo.
Un pasado que fue de él, de su mano en el puchero, - buenos días mi princesa, ¿qué desayunas primero?
Y a la par ella, tan dispuesta y preparando otra regañina, prepara su anzuelo, -ay Alfonso, que ya te veo, que intención más amarga, que hasta la niña la haces levantarse temprano, ¡ay que no me duermes!, ¡ay... lo que te quiero!-.

Que al crecer con esa hogareña pareja, nunca una voz ni un mal sonante se oía.
Entre semana levantaban muy temprano ambos. Si era invierno, la sala la calentaban, si era verano, una puerta de un patio se refrescaba y la brisa fresca corría.

Los sábados él se levantaba muy temprano y su dulce esposa se quedaba en la cama, descansando un rato. Después de un beso tan cariñoso como los labios en su mejilla, y otro más en los labios antes de marchar, se disponía ir al "mercao".
Recuerdos de olor a chocolate con churros traía, revuelto el aroma con el jabón de sosa, con un toque de romero, y tomillo de una ducha tempranera. Recuerdos de incansables días, de dormir a su vera, en aquel sofá marrón, de polipiel que cuando hacía calor nadie se sentaba en él. Sólo él, su sillón favorito, favorito que era él, y para mi, único y sincero como persona, padre, abuelo y sobre todo, esposo.

Su mano siempre la dejaba caer sobre María, -¡Ay María! Cuantas noches pasas en vela hoy, por estar tan sola, tan perdida. Sin él Que de llorar en lo más profundo, mi alma se rompió aquel día que ya no lo vería. Ya no había nada más en ella. Sólo una voz criticona, maldiciendo su soledad, y maldiciendo que no se tenía que marchar...

Aún recuerdo su mano, al ir a la plaza de abastos. Cada día recuerdo sus manos hacendosas para todo, y con arte para saber que decir y que no hacer. Qué viejos estamos ya, y que no compartimos esta soledad.
Sólo hacer de sus manos, las manos de ella, aún me quedan las lágrimas de añorar como ella lo añora....
Y de la Añora la llevo a su pueblo, a vivir con él.
Y de la Añora es ella, que las cruces de Mayo, más bonito que está el pueblo con sus flores, la despidió a su padre y madre y a ser mujer la llevó.
Que de un cabrero nacieron flores, y de una flor nació el Amor, el amor de tres consuelos, de tres madres que hoy son.

Y que bonita está María, cuando a pasear sale, para ver a su amado y regalarse sus sales. Sales de llanto bendito que maldigo sin que me duela, porque hoy el amor más bendito sólo lo vi con mi Abuela.
Y que bonita está María, aunque el dolor me duela. Me duele por verla triste, me duele por verla vieja, me duele porque algún día ella se irá por la misma puerta.

Y se abrirá para unirse, María a su amado, y mis lágrimas hoy existen por el gran amor derramado.

viernes, 2 de mayo de 2014

ARIA EN PRIMAVERA

Aria en Primavera

Fueron las paradas,
Que esta vida te hizo ver,
Sentir, vivir de esta forma;
Fue, el vivir tan deprisa,
Tan intenso y tan loco de atar fue…

Inmenso mundo, rico en soledad,
Despiadado por tu huellas
Que dejaron atrás en el otro mundo,
Mundo donde ya no estás.
Aún sigues, tú,
Profundo en tu mirar.
Que de necesitar,
No necesita nada para vivir,
Sólo un “bollo de pan”
Y buen aceite de la tierra,
¡ Y tan feliz que allá vas!
Paseando por el olivar
Sin necesidad de mirar atrás.

Que fueron de las risas,
De las sonrisas a tu despertar,
De tu embriagadora fragancia
Que a perfume jamás olerá.

Que fueron de tus abrazos,
Que fueron de tus palabras
Perdidas por un mañana
Que no amanece sin más.

Camina en tu sombra
Y a tu sombra volverás,
¡Qué ciencia cierta,
E incierta por mi despertar!

Despertar que despierto en vela,
Vela que desapareció a tus pasos
Amando el olvido en un suspiro,
A lo lejos… ¿Porqué olvidar?

¡Que maldita verdad!
¿Qué despertar quise y quiero?
¡Que bendita mentira!
Que el sueño ya no es sueño,
Sino un mal despertar de invierno.

Patricia López Castillo.