miércoles, 11 de junio de 2014

LÍDER, PRINCESA y NOBLE

Ocurrió aquella noche. Aquella noche en la que su historia lidiaba una sonrisa por la agonía de aquel lúgubre pasaje de su vida. Se sentía afligida bajo aquel penar que su impaciencia quebró y fue dejando huir las mil y una preguntas río abajo, turbado y sangriento, tapando su mirada, ya perdida desde hacía unos meses. Algo que ni siquiera ella se planteó perder, algo que Raísa no hallaría respuesta atrapaba en su propio encuentro. Aquellas palabras se ocultaron en su memoria, encerradas en aquel encuentro sin salida. Raísa acababa de ver cómo sus entrañas se envenenaban lentamente al oír aquellas palabras que le crearon tanta inseguridad. Aún veía cómo le salía espuma de la boca a aquella anciana sin nombre. Aún recuerda el miedo que su cuerpo sintió, quedando petrificado en aquel cuchitril donde su pasión, ya no podría fundirse entre la aversión de tanta frialdad.
El miedo la hizo correr no más allá de aquella puerta que la encerraba. El miedo la deslizaba de una habitación a otra, arrástrandose por el dolor que siempre la suscitaba en las fatídicas noches en vela donde quedaba inconsciente y casi sin respiración, desatinando en aquel rincón, en un pasado que no desiste en consuelo. Toda su vida la comparaba como una montaña rusa de feria fantasma. Daba miedo verla asustada por aquellas apariciones venideras. Subían y bajaban sus sentimientos en aquellos raíles oxidados  por la caída de sus lágrimas, y por aquella piel muerta descuidada en cada vagón donde montaba.

ÁNGEL NEGRO


Si fuera mi cara
La que se tiñe de paja.

Si fueran mis labios
Los que tiemblan de miedo.

Si fueran mis ojos,
Los que se cubren sin dueño.

Si fueran mis dedos
Los que ya no sintieran…
…Sólo diría Adiós…
O un simple hasta luego
A mis días de haber sido.

Con una mano,
Alzaría mi despedida.
Y con la otra mano,
ella, me llevaría
hasta el fin de mi dolor.



Patricia López Castillo