martes, 26 de agosto de 2014

EL PAN ES PARA LOS RICOS

No hay más dolor que ver como tu alma se ennegrece con la codicia de otros. Es inexplicable como las fuerzas del mal, nos pueden envolver y taciturnos limpiar nuestra huella para que de verdad, algún día desaparezcamos para siempre.

Los lamentos que hoy quiero plasmaros son tan sencillos como ver un niño en la calle gritando, <<mamá tengo hambre>> y su hermana, mayor que él, callándolo con un caramelo de los tantos que le doy cuando lo veo, y susurrándole, aguanta que quedan dos horas para la cena.... Y mientras escucho a la vecina vociferar su situación actual, quejarse porque sólo tiene una olla de garbanzos para hoy con un par de patatas y unos pocos pellejos que le han dado en el supermercado, para sacarle gusto a lo que ella llamará "puchero de garbanzos". En mi tierra cocido a secas. 
Se queja de que son nueve para comer, incluyendo a las nueras, que comen unas veces en la casa de sus madres y otras en la de ella, que les han quitado la casa a dos de sus hijos, y por lo tanto nietos también y que ahora viven todos revueltos. Y yo que quedo completamente sorda, abandonada en mi lecho de muerte cerebral, sin saber si bajarles un bollo de pan con un par de chuletas que me quedan en el congelador.
Y lo más tétrico es que no tengo ni que volver a ningún país que no sea éste para ver la realidad de la vida que tanto anuncian los reportajes en otros países. Que a esos niños que veo diariamente, también se les caen los mocos, tienen la panza redondita y juegan felices felizmente a la pelota, pensando que algún día serán Ronaldo, Messi o cualquier jugador famoso y que podrán comprarse unas botas nuevas porque su padre ya se las ha pegado con superglue más de cuatro veces. <<Y yo que pensaba siempre, menudos son que no paran en las siestas, y todos los sábados y domingos me despiertan temprano, aunque no quiera con sus gritos de euforia por haber marcado un gol en la portería de otro>>

Ahora veo incluso que las latas que componen esa portería una es de abichuelas, otra de albóndigas, otra de piña y otra de pisto.

Es genial, como los allí que nos manejan, sea donde sea, fuere dónde fuere, pueden hacernos realmente insensibles y colarnos en nuestra cabeza un gol, sin más, sin querer nosotros mismos y rompiendo la red de esa portería que tenemos por cerebro, haciendo explotarlo con idioteces y visión satisfactoria de que "hemos salido de ésta señores". Desfachatez ante la visión de un mundo, que simulando los años de guerra, está viviendo a tan sólo unos metros de mí.

Y que contaros de que la ambulancia viene cada dos por tres porque la abuela está muy enferma, vive con ellas y les ocupa la cama de matrimonio. "Y mis ojos se caen al suelo simulando que están cogidos como un muelle, como si en un dibujo animado me convirtiese". Incluso en esto tengo que quejarme porque entre que no hay vocación, y las cosas cada vez se hacen más con asco que con el corazón, el conductor que lleva dicha ambulancia, se queja diciendo que la abuela lo que tiene es que meter el pie en la tumba y que esta sociedad se la lleve de un zarpazo, que falta le hace ya, porque nos está "jodiendo" a todos los que trabajamos.

¿Y si le dan a él un golpe y lo tiran a una cuneta? Porque alguna vez que otra, esperando con el vecino de al lado para meter la anciana en la ambulancia o socorrerla en la misma casa, mis oídos han escuchado la conversación apoteósica que me saca de mis casillas y las de cualquiera. Un individuo bobalicón que dispone de dos hijos y una esposa que cobra el paro, y que trabaja seis horas en un almacén (nombre que no quiero recordar y juro que olvidaré porque ya se me ha olvidado). Una pareja muy comprometedora con la familia de la que hoy estoy hablando, la que no tienen "pá comé" por si alguien se me despista, y que a una temprana edad, han enseñado a sus hijos a comer del bote que todos, más bien, una minoría, llena, cuando bien puede. Y ya sabéis que estoy hablando de esa hucha solidaria que la sociedad entiende por pensión, ayuda, per, o llámenlo como ustedes se sientan más cómodos. Total, que los hijos del conductor, están cobrando alguna de estas ayudas, que no son "el paro", haciéndoos saber que tienen 22 y 25 años, y que "están muy agustito así". Y la madre que me parió también estaría así "requetebien".

Y aquí una, viendo como se recortan los gastos en becas, y sacando la cabeza por dónde se pueda.
Lo mejor de todo, es que la misma culpa tiene esa empresa donde trabaja la mujer del conductor de ambulancia. Pero estos temas prefiero tratarlos en otro momento que no me explote el corazón con tanta sensibilidad que veo cada día por la calle.

Por haceros una idea, unos comen y a otros nos comen, o nos intentan comer a los que no nos dejamos comer.

En fin, que todo tiene un final apoteósico y nadie tiene la culpa de nada. FIN SIN FINAL.