domingo, 31 de agosto de 2014

Y MIENTRAS TANTO AMANECE

La naturaleza calló en aquella alborada.
El frío los hizo eternos.
Enjuagados los recuerdos en sus dudas, se perdieron en el horizonte.
Cansados sus ojos, de no apreciar más que lo que la punta de sus pies le permite, devoró en un instante sus sueños y los respiró profundamente hasta herir su soledad. Trasegó hasta verse envuelta en deseo, un deseo oportuno y embriagador que la liberaron de su manada de pensamientos incontrolados y que ahora, los estaba fulminando entre aquellas nubes pasajeras,  llevándoselos a dónde el viento aparece como la cuna que los adormece.
Pidiendo a gritos la libertad, su temor fue desapareciendo y sus ansias de vivir la estremecieron, la hicieron vibrar entre sus dedos helados que empezaron a descongenlarse entre su sueño tan amargo y lleno de libertad.
Sólo sus ojos, cerrados por el  vaivén de su sufrimiento pudieron sentir su cielo ardiendo.

«Dedicado a esos labios que contienen un amanecer»