domingo, 21 de diciembre de 2014

Escribo al revés...

Las letras me confunden, con él.
Las líneas se apartan de la tinta,
que tontería, verlas separarse,
como tan-to, tiem-po, ton-ta,
con  tem-pe-ra-men-to,
esperando en tormento
mientras la tormenta,
apaga las luces y enciende el cielo
con sus rayos que rayan la noche,
quebrándola entre suspiros,
queriendo empuñar un trueno,
y dar de pleno, en los fantasmas
que me atormentan.

Al presente aprendo a discutirle,
a bailarle y a buscarte entre sus sombras,
bajo los paraguas de esta lluvia que provocaste,
que seca mis ojos, en las noches de ser etérea:
“Nada de princesa
que sólo cuenta su historia.
Nada de cuentos relatados
en sus andares consumados”.

¡A la espera espero!
Y desespero de mi misma
por pensar que hay calma,
después de tanto alboroto.
Con descaro, mis dedos se atreven
a echarme un pulso más.
Al aire, un quejido. Al cielo, nubarrones.
Descorro las cortinas, y corro
y me socorro y emborro
la mirada al infinito
entre mi suerte y tu sino.

¡Y me pongo como una moto!
Arranco, me descolocas y ¡milagro!
Mi otro misterio, mi propio halago;
saber que estoy loca,
que perezco en la búsqueda
y padezco de una enfermedad
que mi médico advierte
que no tiene cura.
Él se esmera y me detiene
al intentar volver, a mojarme contigo.
Y así huyo con orgullo,
de una perpetua conmoción
refugiándome en este timón
que se raciona sin dueño,
entre apetitos, ambición,
tortura y deseo.

"Dedicado a las reinas que nunca quisieron ser princesas y a aquellos príncipes bandidos que las hacen felices". Autora: Patricia López Castillo.